domingo, 29 de abril de 2012

Los Juegos del Hambre: Cuando encontré a Peeta.

Todo el bosque está en llamas, cuando un árbol en fuego se interpuso en mi camino. Después de un largo camino en busca de algún lugar, escuché mi nombre y me di cuenta de que era su voz. Si quizás no se hubiera movido o quitado la pintura de la cara no lo hubiera visto. Estaba pintado del mismo color de uno de los árboles, era demasiado bueno camuflándose.
Fuimos andando por el río cuando encontré una cueva donde podríamos permanecer unos días. Cuando dejé las cosas dentro, rápidamente le ayudé a sentarse en el río y a curarle aquella herida, gracias a la crema que me dio Haymitch. Cuando se encontraba mejor volvimos a la cueva y se apoyó contra la pared. Le arropé y me senté junto a él y apoye mi cabeza en su hombre vigilando a que no viniera nadie, sino estaríamos en peligro. Cuando se estaba haciendo casi de día, abrió los ojos y le dije:
- Cierra los ojos, el sol se está poniendo, pronto amanecerá. Estarás bien, nadie te puede hacer daño ahora. Ven luz de la mañana, tu y yo estaremos sanos y salvos.
Cerró los ojos y en cuánto vi que tenía un sueño profundo, con mucho cuidado me escabullí para cazar.

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